Paloma tenía esos citrinos guardados desde hacía tiempo. Su madre se los trajo de su último viaje al Uruguay. ¿Qué hago con ellos? ¿un anillo, un colgante, los utilizo como parte de unos pendientes más grandes, con más piedras? 

Después de sopesar varias alternativas, triunfó la sencillez (generalmente esa es siempre la mejor opción). Unos pendientes ponibles en cualquier circunstancia, prácticos y sobre todo realzando el brillo y la talla de las piedras. Al estar talladas en escuadra, no podíamos poner la garra justo en la esquina, por temor a romperlas durante el engaste y por eso decidimos hacer doble garra al lado de cada esquina. 

La piedra queda justo debajo del lóbulo de la oreja y resultaron muy muy favorecedores.  

¡Paloma está guapísima con ellos! 

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