El verdadero lujo está en los detalles

El otro día mi hija fue de boda. Llevaba un vestido muy sencillo, escogido a propósito porque ya teníamos las joyas pensadas para que combinaran.

Fue un éxito total, y todo el mundo habló de su collar, sus pendientes, su pulsera… más que de su vestido. Y eso me hizo corroborar una teoría que vengo observando entre mis clientas desde hace varios años.

Hay vestidos que recordamos durante años. El de nuestra boda, el que elgimos para una celebración especial, aquel que compramos para ser invitadas a un acontecimiento importante…

Y sin embargo, muchos de esos vestidos tienen algo en común: probablemente los llevamos una sola vez.

Podemos invertir una cantidad considerable de dinero en una prenda destinada a unas pocas horas y , curiosamente, cuando llega el momento de elegir las joyas, muchas veces las dejamos para el final, como si fueran un complemento secundario, como si no mereciera la pena invertir en ellas.

Yo creo exactamente lo contrario.

El vestido dura un día. La joya te acompaña toda la vida.

Una buena joya no termina cuando acaba la celebración. Unos pendientes con piedras naturales, una sortija especial, una pulsera o un colgante bien elegido pueden acompañarnos durante décadas. Podemos llevarlos de nuevo en otra boda, en una cena, con un traje, con un vestido sencillo o incluso con unos vaqueros y una camisa blanca.

Y con el paso del tiempo ocurre algo todavía más bonito: dejan de ser solamente joyas y se convierten en RECUERDOS

Nos recuerdan dónde las estrenamos, quién estaba con nosotros, qué celebrábamos… y quizá, incluso, algún día pasen a otra persona y continúen contando nuestra historia.

Por eso, siempre me sorprende que podamos asumir con naturalidad un gran desembolso en un vestido que probablemento no volveremos a utilizar y, en cambio, nos cueste invertir en una pieza de joyería de calidad que permanecerá con nosotros toda la vida.

También funciona al revés:

Y aquí está, para mi, una de las cosas más interesantes de las joyas: no necesitamos llevar un vestido carísimo para trasmitir elegancia.

Un vestido sencillo, incluso de alguna firma de low cost asequible, puede transformarse completamente cuando está acompañado por las joyas adecuadas.

Lo mismo sucede con una novia.

No todas las novias quieren, ni necesitan, invertir una fortuna en su vestido. Un diseño sencillo, con una buena caída y bien elegido para quien lo lleva, puede resultar extraordinariamente elegante.

Y entonces aparecen los detalles

Unos pendientes diferentes, una piedra nnatural con un color maravilloso, una pieza diseñada especialmente para ella, una joya con personalidad que atrae la mirada sin necesidad de resultar excesiva.. Y de pronto, todo el conjunto adquiere otra dimensión.

Porque el lujo no siempre está en cuánto cuesta aquello que llevamos. Muchas veces está en cómo lo elegimos.

Las joyas tienen una extraordinaria capacidad de elevar lo sencillo

Siempre he pensado que una buena joya puede hacer más por un estilismo que muchos otros elementos. Aporta color a un vestido neutro, ilumina el rostro, convierte un conjunto minimalista en algo sofisticado, hace que una prenda sencilla parezca mucho mas espacial…

Y, sobre todo, dice algo importante sobre la persona que la lleva.

Ahí está la diferencia!! No es solo “ ponerse complementos”, sino elegir joyas con criterio

No se trata de añadir muchas piezas ni de buscar necesariamente la más llamativa sino de encontrar aquellas que tienen personalidad, calidad y sentido dentro del conjunto

Diseño

Cuando diseño una joya alrededor de una piedra natural, no pienso únicamente en combinarla con un vestido. Pienso en crear una pieza que pueda funcionar ese día y muchos otros después.

Una joya suficientemente especial para una boda o una celebración, pero suficientemente versátil para volver a llevarla. Y es que ahí está, para mi, una de las claves de una buena elección.

Quizá debemos cambiar el orden de nuestras prioridades

En lugar de pensar: “ ya tengo el vestido, ahora necesito algo para acompañarlo”, podríamos preguntarnos: “¿Qué quiero conservar de este momento?

Tal vez dentro de diez años aquel vestido ya no esté en nuestro armario, o mucho más probable, no nos valga!. Pero esos pendientes siguen ahí, la sortija continúa en nuestra mano, el colgante puede seguir acompañándonos a otra cena, otro viaje u otra celebración, y esa joya concreta que elegimos para un día determinado habrá terminado formando parte de nuestra vida.

Por eso, cuando alguién me pregunta cuánto debería invertir en las joyas para una boda o una ocasión especial, creo que la pregunta no es el cuénto, sino durante cuánto tiempo.

Porque una buena joya no se compra para una noche, se elige para volver a llevarla una y otra vez. Y quiza ahí resida una de las formas más bonitas de entender el lujo;tener menos cosas, pero mejores.

Elegir piezas con personalidad, materiales nobles y piedras naturales que sigan teneidno sentido mucho después de que termine la fiesta.

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