Nadie como mi luz traspasa ella sóla la sombra…

 
 

No hay material de una naturaleza más flexible que este, o más adecuado para ser coloreado. Aunque al que se da más valor es al incoloro y trasnsparente, el más parecido al cristal de roca ( Plinio, XXXVI, 198)

El uso del vidrio se popularizó en la sociedad romana desde sus orígenes, aunque en un primer momento tenía la condición de material para la manufactura de objetos de lujo y exóticos.

Los fabricantes de vidrio lo fundían, y una vez frío, lo rompían en trozos y lo enviaban a los artesanos del vidrio, quienes lo convertían en el objeto deseado.

“Les causaba gran placer los distintos tipos de vidrios y los trabajos realizados en ellos” (Tácito)

Hacia el siglo III d. C., las incrustaciones en la joyería romana se habían hecho más importantes que sus engarces, y los romanos favorecían el uso de gemas y vidrios y expandieron la tradición helenística, centrándose en los efectos visuales de los pedacitos multicolores.

 
 

Los romanos usaron el vidrio en gran cantidad para imitar piedras preciosas, ya que el vidrio era más fácil de trabajar y los vidrieros tenían control total sobre colores y diseños.

Además, era una alternativa barata a las costosas gemas que usaban los ciudadanos ricos

Actualmente, se emplean fragmentos de ese vidrio romano arqueológico, procedentes de antiguos recipientes, botellas o botes de perfume de hace más de 2000 años para elaborar collares, colgantes, pendientes…

Su brillo distintivo irisado o tornasolado no es artificial; es el resultado de la descomposición de los minerales del vidrio al estar enterrados durante siglos.

Al emplear fragmentos reales rescatados de yacimientos, no existen dos piezas de cristal iguales. Su aspecto combina un aire rústico antiguo con diseños modernos y minimalistas.

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